Caprichos – ¿cómo entenderlos y cómo lidiar con ellos?

Es esperable que a la edad de los 2-3 años aparezcan los tan temidos caprichos/berrinches. Y es esperable porque es normal que todo niño atraviese por esa etapa. Algunos la atraviesan sin tanto alboroto, y otros, con más desborde. A veces duran sólo un año, otras veces se convierte en una manera de reaccionar del niño que se mantiene por muchos años. ¿Por qué?

 

¿Cómo entenderlos?

1- Primero hay que entender que en esta época, el niño está intentando demostrar su independencia respecto de los mayores de los que venía dependiendo estrictamente para todo. Hoy puede pensar por si solo, y quiere hacer lo que quiere y no lo que le dicen. Y es una lucha sana que está deseoso de ganar. Aparece el NO frente a cualquier situación, incluso cuando son ofertas que antes aceptaba y disfrutaba, hoy las rechaza porque si, solo importa el oponerse.

2- Aún no puede expresarse como un adulto, a veces no sabe cómo poner en palabras lo que le pasa, o armar un buen argumento para persuadir al otro. Y entonces, grita y patalea, le arrebata los juguetes al otro sin permiso, y a veces muerde y empuja.

3- Tampoco está muy maduro aún para saber cómo lidiar con las emociones que le van apareciendo. Quiere algo y lo exige, sin tener en cuenta al otro, ni al contexto.

4- A veces cuando comienzan a tener hambre y/o sueño, suelen ponerse más irritables y exigentes, y todo lo quieren ¡YA!

 

¿Cómo lidiar con ellos?

1- Nosotros tenemos que dejarlos librar esa batalla en la que prueban sus fuerzas sabiendo que tenemos el control de la situación. Acceder a un capricho para que el nene deje de gritar así, es ceder el control. Tenemos que saber que si esta situación se repite, estaremos atados a esta forma de comportamiento por muchos años venideros. Después de todo, si al niño le funciona una técnica de persuasión y así consigue lo que quiere, por qué cambiarla.

2- Somos los adultos los que tenemos que enseñarle cómo expresarse, cómo pedir las cosas, cómo explicarse. Entonces nos acercamos, le preguntamos e intentamos armar un relato coherente que él pueda escuchar para aprender cómo expresarse, y que lo tranquilice porque ya lo entendimos. “Lo que te pasa es que tenés ganas de jugar un ratito con ese juguete que tiene tu amigo/hermano. Cuando te pasa eso le podés decir: ¿me prestás el juguete un ratito?”

3- Si cuando el niño empieza a gritar y patalear, los adultos gritamos, le enseñamos que cuando algo no nos gusta, respondemos gritando y pataleando, tal como el niño lo está haciendo en ese momento. En vez de eso, los adultos deberíamos mantener la calma, y reconfortarlo, hacerle sentir que estamos ahí para él. Empatía y conexión. Es nuestro hijo/alumno, está enojado y no sabe cómo expresarlo de manera correcta. Le ponemos palabras a lo que le está pasando. “Estás enojado, ya lo sé, pero en esta casa no nos pegamos”, “Querés algo que no te puedo dar y eso te enoja pero no es necesario que grites así”, “ya sabés que todos los días nos tenemos que bañar, porque nos hace bien”.

4- Para evitar los desbordes por hambre y sueño, intentemos mantener una rutina estable, y asegurémonos de que coman y duerman más o menos en el mismo horario, y que este horario sea razonable para lo que pueden tolerar por su edad. Si el niño de 3 años se levantó a las 7 a.m., no durmió siesta, son las 9:30 pm y aún no ha comido ni llegó su hora de dormir, no nos asombremos de que aparezca un capricho o berrinche esa noche.

 

Si entendemos de qué se tratan y cómo abordarlos, lo más probable es que sea un período más llevadero y que sólo dure un tiempo corto, en vez de convertirse en una manera de responder del niño.

Lic. Natalia Guerendian

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