Del control autoritario y la rebelión de los hijos

No hay mejor forma de evitar un hijo rebelde, que incluirlo en la toma de decisiones, buscar acuerdos, pedir cooperación, criarlo con respeto y fomentar el criterio propio.
Esto se hace desde chiquitos, es un proceso de construcción progresivo.
Y entonces cuando llegan a la adolescencia, no necesitan rebelarse ante la ley y el control parental. Porque las reglas bajo las que viven las han construído ellos mismos junto a sus padres. ¿Suena lógico, no?
Y aunque parezca difícil y que conlleva mucho trabajo, en realidad es todo lo contrario: un ahorro impresionante de energía que gastaríamos en cada enfrentamiento, la tenemos disponible para pensar en cómo ponernos de acuerdo.
¿Quién se anima a probar?

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