La adaptación al jardín. ¿Qué hacer, cómo es y cuánto dura?

Por estos días muchos niños están empezando el jardín de infantes y atravesando la adaptación. Desde sala de lactarios a la sala de 5 es esperable que el niño necesite adaptación, cuanto más pequeño mucho más. Los niños son muy diversos, y por lo tanto, sus recorridos por la adaptación escolar son muy variados.
Hay niños que no tienen problema en quedarse con otras personas, otros a los que les cuesta mucho más. Algunos son un poco tímidos al principio, otros son super sociables. Algunos tienen hermanos que ya van al jardín o al colegio, y muchas veces los ven ir y venir, y hasta los acompañan y los van a buscar cuando salen de la institución, por lo que ya están más familiarizados con la situación y el lugar. Otros, no han visitado nunca una institución escolar, por lo que es una experiencia totalmente nueva. Algunos tienen bastante interacción con otros niños ya desde antes de empezar el jardín ya sea con hermanos, primos, o amiguitos de la plaza. Otros solo tienen por costumbre interactuar con adultos.
Sea como sea el niño en particular, no se puede predecir cómo se adaptará al jardín. Todos los niños nos pueden sorprender. La situación es nueva, y por lo tanto, inesperado el resultado. Hay niños que son super sociables pero les resulta muy ajeno el nuevo lugar, le resulta largo el tiempo fuera de casa y/o separado de sus padres y no “se quedan” en el jardín tan bien como uno hubiese pensado. Otros son más pegados a mamá pero hacen muy buen vínculo con su seño y con algún compañerito, disfrutan de las actividades que realizan en el jardín, y descubren un mundo nuevo y excitante que les permite despegarse más fácil de mamá por ese ratito.

¿Qué podemos hacer para prepararlos y prepararnos?
1- Ofrecerles oportunidades para compartir tiempo y juegos con otros niños, antes de empezar el jardín, les pueden dar herramientas para sentirse más preparados cuando conozcan y tengan que interactuar con sus compañeritos.
2- Elegir un jardín con el que sientan afinidad en su manera de mirar al niño y educarlo, y en el que sientan que pueden confiar. Si se les pide estar todo el tiempo sentados y los momentos de juego son escasos, optar por otro lugar que comprenda mejor qué es un niño y qué necesita.
3- Anticiparle al niño, no importa lo pequeño que sea, que va a empezar a ir al jardín, contarle que va a conocer nuevos amigos, que va a jugar… Elegir juntos los materiales para llevar al jardín como la mochilita, la taza, el mantel, etc.
4- Si el niño debe comenzar el jardín porque los padres tienen que trabajar y no tienen otra opción, y como padres no se sienten contentos con esta situación: estar conscientes de que esas sensaciones se transmiten, y tratar de aceptar con la mejor actitud posible lo que va a suceder, buscar las cosas buenas que traerá la nueva situación, y saber que si el adulto se angustia al dejarlo, puede ser que el niño se angustie al quedarse en el jardin.
5- Si no es necesario para los padres que el niño empiece el jardín, evaluar por qué se toma esa decisión y que sea un argumento que puedan sostener mientras atraviesan la adaptación. Estar convencidos de por qué hacen algo siempre ayuda a llevarlo adelante.
6- Respetar los tiempos del niño y sus emociones.

¿Cómo es y cuánto dura?
Se empieza el primer día con un período más corto de lo que dura la jornada real y concurren con mamá, papá o ambos. A veces también se cola una abuela, una tía… El primer día suele ser algo aborotado: hay mucha ansiedad, expectativa, mucha gente, un lugar nuevo, juguetes nuevos, reglas nuevas, y en los tiempos actuales, muchas fotos. El segundo día suele haber menos adultos, y un poco menos de ansiedad y el tiempo sigue siendo acotado. La primera semana suele ser de períodos cortos, que se van alargando día a día. Se suelen plantear actividades bastante libres, se sale bastante al patio a jugar, el adulto que acompaña está incluído en las actividades. Poco a poco los adultos van corriéndose de las actividades y saliendo de la sala. Salen y entran, van y vienen. Pero ¿cúanto dura este proceso?
La realidad es que depende del jardín, y también de la disponibilidad de los adultos (a veces el trabajo de los padres solo permite unos días o máximo una semana, otros se guardan los días de vacaciones para este momento, otros piden ayuda a un abuelo que esté libre y dispuesto, una niñera). Lo ideal y recomendable: DURA LO QUE TARDE EL NIÑO EN ADAPTARSE, SIN SER FORZADO, Y DE LA MANO DE MAMÁ, PAPÁ U OTRA FIGURA DE APEGO PRIVILEGIADA.
Podríamos despegarlo a la fuerza, obligarlo a quedarse igual y en algún momento el niño acabaría por acostumbrarse. Pero esta no es una medida respetuosa con el niño, le deja una sensación de abandono, se lo empuja a sobreadaptarse, y esto siempre tiene un costo emocional. Como todo proceso en la vida de un niño, lleva un tiempo, que es diferente para cada uno, la ansiedad por apurarlo no ayuda, forzarlo no ayuda. Si el niño aún llora, es porque aún no está listo para despegar.

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