Límites, límites

Una de las consultas que más recibo, tiene que ver con “cómo poner límites a mi hijo de x años”. La x va desde los 2 años a los 18, por lo que no es un tema que se vuelva un problema a cierta edad, sino que es una pregunta que los padres se hacen en casi todas las edades de sus hijos.

Cuando me consultan por este tema, suelo preguntarles: qué es un límite para ellos, ¿para qué sirve?, ¿para qué lo necesitan? Las respuestas son variadas, muchos se sorprenden ante la pregunta porque nunca se la habían hecho, o porque les parece obvia la respuesta, aunque luego se dan cuenta de que no es tan fácil explicarlo.

  • Un límite debería servir , en primer lugar, para mantener a salvo al niño: “no toques el enchufe”, “no pises los vidrios descalzo”, “no comas tantos caramelos juntos”. Como es algo que hacemos por su bien, para mantenerlo a salvo y sano, es importante que se los expliquemos: “ no toques el enchufe porque te puede dar electricidad y eso hace mal al cuerpo”, “no pises los vidrios porque te podés cortar los pies”, “no comas tantos caramelos porque te hace mal al estómago (panza) y también te da caries en los dientes”.
  • Un límite sirve también para adaptar al niño al medio en el que vive, para enseñarle lo que está bien y lo que no, lo que está permitido y lo que no. Para esto también sirven las explicaciones: “no le pegues a tu hermana porque le duele y no está bien pegarle a otra persona”, “no tires así los juguetes porque los vas a romper y yo te los regalé para que pudieras jugar con ellos”.

 

Si el para qué tiene que ver con que el adulto quiere manejar la situación “porque yo mando” o “porque yo lo digo”, las situaciones no suelen llegar a buen puerto, sino que derivan en

  • un niño que obedece por miedo o por conveniencia pero que no internaliza y hace propias las reglas
  • o a una lucha de poder entre padres e hijos

 

Una vez que tenemos en claro para qué sirve, es importante saber cómo establecer los límites:

  • lo primero a tener en cuenta es que es una noción a construir por lo que es algo que hacemos desde que el niño tiene 1 año y ya empieza a moverse solo, a tocar, arrojar, poner, sacar… Si el niño tiene 5 y nunca le hemos puesto un límite, el trabajo será mucho más arduo.
  • Como dije más arriba, siempre es importante que venga con una explicación del por qué le estamos poninendo ese límite. La explicación se adaptará a la edad que tenga el niño en ese momento, pero siempre es bueno que algo se diga al respecto y que no parezca que le decimos no porque no.
  • Como el límite marca lo que está bien y lo que está mal, no podemos exigirle algo al niño que los adultos no hacemos o respetamos. Algo que todos sabemos pero a veces olvidamos: SE ENSEÑA CON EL EJEMPLO. Si “no se dicen malas palabras” pero el adulto se las pasa diciéndolas, el mensaje queda manchado de hipocresía y los niños son especialistas en detectar esto. Y acá no sirve el “yo puedo decirlas porque soy grande”. Si está mal, está mal para todos. Lo único que se logra de esta forma es que el niño nos pierda el respeto, y es mucho más difícil luego respetar un límite que viene de alguien a quien no respetamos.
  • Para que los límites puedan ser respetados y sostenidos en el tiempo por todos, deberían ser coherentes y lógicos. Esto deja afuera el “porque si” y “porque yo lo digo”. Este tipo de límites invitan a una futura rebeldía. Si van a poner un límite, piensen antes por qué lo están poniendo, qué es lo que quieren evitar, qué es lo que están intentando enseñar. Por que además, es mucho más fácil para un adulto sostener un límite cuando tiene en claro por qué lo puso y qué es lo que quiere lograr con ese límite.
  • No tiene que basarse en amenazas, sentencias o juicios que se hacen en un momento en el que están enojados. Muchas veces los adultos se ven sobrepasados por algunas situaciones, están cansados, enojados y emiten reglas al aire que luego son difíciles de sostener. Por ejemplo: es hora de cenar y el niño no deja de jugar a la play, y le gritan “no jugás más por un mes”. ¿Realmente era para tanto? ¿Van a poder sostener un mes entero sin que el niño toque la play?
  • Las reglas centrales, importantes se comunican por anticipado y se repiten cada tanto. Si hay algún límite que les parece importante, es adecuado que se lo enseñan por anticipado con ejemplos de lo que hacen otras personas, con relatos de anécdotas, cuentos. Y cada tanto las refuercen. No esperen a que traspasen un límite que nunca le comunicaron para marcárselo, y si no pudieron anticipárselo, no hay lugar para el enojo del adulto.
  • Los límites se marcan con respeto. No es necesario ni adecuado el enojo, no suma. Además si consideran como yo, que ser respetuosos es algo importante que enseñarles a los niños, y si ya sabemos que se enseña con el ejemplo, marcar un límite de manera irrespetuosa no es una opción.
  • Intenten estar de acuerdo con su pareja acerca de los límites que le van a poner al niño que están educando. Esto es importante también para padres que se han separado y ya no viven juntos. Se que puede ser muy difícil, pero piensen en lo difícil que resulta para un niño acatar ciertos límites en un espacio y no en otro. Es confuso y un poco enloquecedor, y le implica un esfuerzo mental adicional al niño. Si no pueden ponerse de acuerdo entre adultos, tengan un poco más de consideración con el niño al respecto.
  • Cuando los niños ya tienen 5 años, hay límites y reglas que se pueden ir pensando y estableciendo junto con los adultos. Una regla que el niño ayudó a establecer es mucho mejor aceptada y respetada por este que una que es impuesta. Además, les da una sensación de responsabilidad al respecto que es muy positiva para el desarrollo y la adaptación al medio de cualquier niño.
  • Cuando un niño traspasan un límite es importante cómo reaccionan los adultos: lo adecuado sería primero preguntarle al niño qué pasó, por qué hizo lo que hizo. Si está en un momento de descontrol, enojo, cansancio, primero intentar que vuelva a la calma porque es ese estado no podrá explicarse. A veces los niños no saben por qué hicieron lo que hicieron, o no se acordaron del límite, o no pudieron controlar su impulso. Como sabemos que están construyendo su psiquis, desarrollando su cerebro, aprendiendo los límites, en vez de enojarse e indignarse, es más operativo reforzar el límite y volver a recordarle por qué lo pusimos, e intentar pensar juntos una solución para ese límite que se ha roto. Después de todo, hay que recordar que estamos enseñando el límite para protegerlos y adaptarlos al medio, no para castigarlos y demostrar quién tiene el poder.
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