TRABAJO PARA LOGRAR INFANCIAS MÁS SANAS 

Siempre supe que quería trabajar con niños, me divierten, me maravillan, creo que son lo mejor de la vida. 

Desde mi adolescencia tenía claro que quería estudiar psicología porque la mente humana, las emociones y el comportamiento humano me parecían de lo más interesante que se podía estudiar. 

Y pensaba que podía unir este interés con mis ganas de trabajar con niños. Así fue como inicié mi camino profesional…

Mis estudios de base

Estudié Psicología en la Universidad de Buenos Aires y terminé mis estudios con un gran promedio, porque estudiar, me encanta!

Trabajé ad honorem en la Cátedra de Psicopedagogía Clínica (U.B.A.) durante 6 años, donde hice diagnóstico, clínica, supervisiones grupales e investigación. 

Luego hice un Posgrado en Clínica Psicoanalítica de Niños y Adolescentes, también en la U.B.A. 

Mis formación clínica de base es el PSICOANÁLISIS. 

MI TRABAJO EN EDUCACIÓN

Ya antes de recibirme de psicóloga, encontré una manera de trabajar con niños: empecé a dar clases de inglés, porque mi título secundario me lo permitía.

Enseñé durante más de 10 años en jardín (sala de 3 a sala de 5) y también en nivel primario. Luego de recibirme trabajé además como maestra integradora, con niños con diferentes dificultades que necesitaban acompañamiento (también en jardín y primaria). Trabajé luego dos años como Coordinadora de las Integraciones Escolares de un colegio privado, y también dos años en el gabinete Psicopedagógico de Nivel InicialMás adelante trabajé dando clases de Convivencia para 1°, 2° y 3° en otra institución escolar privada, donde abordaba los conflictos y emociones de los individuos y los grupos.  

Me encanta el trabajo en Escuelas, es uno de los espacios en que me siento más a gusto. La energía que se respira, los niños corriendo en el recreo, la primera vez que logran leer algo, los inicios de amistades… la posibilidad que tenemos de mostrarles y compartir conocimiento de manera creativa y significativa. Es enorme el trabajo que tenemos en las escuelas respecto al acompañamiento emocional que hacemos de los niños durante su crecimiento, porque las emociones también van a la escuela, el niño es una unidad, se aprende bien lo que nos emociona. 

Haber experimentado los roles de docente titular e integradora, coordinadora, psicóloga de gabinete, y docente de convivencia, me ha dado la posibilidad de ver y leer lo que sucede en la escuela y en el niño, desde diferentes ángulos, y eso ha enriquecido mi perpectiva. También me ha empujado a buscar más conocimiento…

MI PRÁCTICA CLÍNICA

Desde que me recibí de Psicóloga, en paralelo a mi trabajo en la Escuela, empecé a atender niños en consultorio particular. Durante 10 años atendí niños de 3 a 12 años, y varios adolescentes también, con diferentes problemáticas. Mi trabajo siempre estaba sustentado en la teoría psicoanalítica. Atendía niños de manera semanal y una vez por mes o cada dos meses me reunía con los padres para contarles los avances o preguntarles datos que necesitaba saber. 

 

SI BIEN SABÍA QUE ESTABA AYUDANDO A MUCHOS NIÑOS, A VECES, ALGO NO ME DEJABA CONFORME CON MI TRABAJO. EMPEZARON LOS CUESTIONAMIENTOS… 

Los tratamientos eran lentos, una vez por semana, 45 minutos trabajando con un niño, a su ritmo… y yo sentía que estábamos perdiendo tiempo valioso.

También sentía que trabajar con el niño de manera prioritaria, enviaba un mensaje erróneo, ponía la responsabilidad del cambio sobre los hombros del pequeño. Mientras tanto, yo empezaba a entender que la responsabilidad es primero de los padres, y es con ellos con quienes tenía que trabajar más en profundidad. 

Después de todo, cada niño nace ya marcado por el deseo (de cada progenitor) que lo trajo a este mundo, se empapa al llegar de las fantasías y expectativas de sus padres, empieza a interpretar el mundo a través de los ojos de su madre, respira el clima familiar, vive el ritmo de ESA casa. Cuando llega a consultorio tiene una historia tejida con su familia que es imposible dejar afuera. Es necesario enfocarnos en trabajar con quienes están tomando las decisiones de la vida de un pequeño y le están enseñando casi todo.   

Por otro lado, en las sesiones con los padres, hablabamos mucho de lo que NO había funcionado para ESE niño, pero cuando los padres me preguntaban entonces qué hacer, QUÉ MODIFICAR, yo sentía que necesitaba darles HERRAMIENTAS QUE FUNCIONARAN.

Creí necesitar herramientas que el psicoanálisis no me había otorgado. Algunas partes de la teoría siguen sosteniendo mi manera de pensar al niño, otras no me alcanzaban ya para abordar mi trabajo, y con otras partes de la teoría empezaba a entrar en conflicto! Por supuesto, me puse a investigar y a leer muchísimo.

NUEVOS PARADIGMAS

Encontré pedagogías alternativas que tenían en cuenta al niño como sujeto activo, con intereses propios, y respetaban sus tiempos, sus procesos. También leí sobre neurociencias y entendí mejor cómo aprende nuestro cerebro, qué necesita, y qué no. Comprendí que a veces les pedimos a los niños comportarse de cierta manera para la que aún no están preparados.

Lo que terminó por definir mi nueva forma de trabajar y de pensar al niño fue encontrarme con la Crianza Respetuosa, me cambió la forma de pensar y entender al niño. Fue como encender una luz y de repente ver todo con otros ojos, un nuevo paradgima, cambiar el chip, deconstruir años de haber aprendido mal, entender realmente qué necesita un niño y cómo guiarlo y educarlo.   

Después me encontré también con la Disciplina Positiva. Hice dos certificaciones Internacionales en Disciplina Positiva que me habilitan como Educadora de Padres y Educadora del Aula, que me sumaron nuevas herramientas prácticas para trabajar con padres, docentes y niños.

Mi trabajo clínico empezó a resultar como yo me lo imaginaba, mucho más fructífero, padres repensándose, empoderados llevando el cambio a casa, los niños sin tener que venir a terapia.


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