“Te dije 100 veces que…”

¿Alguna vez se preguntaron qué hacemos los adultos para contribuir a CREAR un problema? ¿Y qué podemos hacer para solucionarlo? Tomar conciencia del PROBLEMA y del OBJETIVO que queremos lograr son los 2 primeros pasos hacia el cambio que buscamos.

PROBLEMA: mi hijo no ordena sus juguetes

OBJETIVO: lograr que mi hijo sea responsable con sus pertenencias, que las cuide y que contribuya al orden de los espacios comunes.

¿Qué ACCIONES voy a llevar a cabo para lograr esto?

1- DAR EL EJEMPLO: si pretendo que mi hijo ordene sus pertenencias, los adultos de la casa deberíamos ordenar las nuestras, ¿no? ¿Qué autoridad moral podemos tener para pedirle que ordene, si nosotros dejamos todo desordenado?

2- INVOUCRARLOS: en cualquier jardín de infantes que visitemos, se escuchará en algún momento del día la canción “a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar” – esa famosa canción que los invita a ordenar. Y adivinen qué hacen los chicos en el jardín cuando escuchan esa canción… ¡Ordenan! Esto podemos replicarlo en casa, enseñarlo incluso antes de que el niño vaya al jardín. Si los involucramos en las tareas diarias desde chiquitos, los niños participan luego de manera natural.

3- NO HACER TODO POR ELLOS: el punto 2 viene de la mano con este. Si en general ordenamos por ellos, les damos el mensaje de que no esperamos que ellos puedan hacerlo o que no es algo que los incumbe, sino que es nuestra tarea. Los desojamos de la oportunidad de sentirse importantes y sentir que sus aportes son significativos. Es importante trabajar en construir con ellos la creencia “soy capaz”. Suele servir mucho el decirles “¿me ayudás a ordenar?” En general, se sienten inclinados a cooperar.

4- SER RESPETUOSOS Y GENERAR RESPONSABILIDAD COMPARTIDA: como siempre digo, el respeto dirigiendo las interacciones. Si espero que mi hijo colabore, se haga cargo de sus pertenencias y sea responsable, es importante pedirselo de manera respetuosa. También hacerlo parte de las decisiones y de las reglas de la casa, genera una sensación de responsabilidad compartida, y ayuda a que las respete porque él también colaboró en establecerlas.

5- EVALUAR, PENSAR Y ACORDAR: Evaluar la situación particular- por qué no quiere ordenar ahora, ¿no tiene ganas? ¿Está cansado? ¿Tuvo un mal día? ¿Está muy divertido haciendo otra cosa? ¿Es necesario que ordene ya o podemos esperar? ¿Lo ayudamos? Si es solo que no tiene ganas y no respeta el acuerdo porque no, podemos pensar en establecer una consecuencia: si no está dispuesto a ordenar lo que sacó, tal vez no esté preparado para usar este objeto y cuidarlo. Lo guardaremos hasta que en algún momento sienta que pueda hacerse responsable por él. Atención: que esto no se transmita como un castigo!! No lo decimos ni enojados, ni gritando, ni ostentando poder. Solamente le comunicamos lo que sucederá, y que elija qué hacer.

6- SER CONSISTENTES: si decidimos poner todo esto en práctica, tiene que ser algo que hagamos sosteniéndolo en el tiempo, que puedan entender que esta es la manera en la que nos manejamos en casa. Si es un día así y el otro no, es confuso para cualquiera y el niño no sabe cómo actuar ni a qué atenerse cuando no responde.

Puede ser que a veces nos olvidemos de alguno de estos puntos que deberíamos tener en cuenta para que esto funcione. Especialmente si estábamos acostumbrados a hacer las cosas de otra manera y estamos intentando cambiar. No importa, los adultos también estamos aprendiendo todo el tiempo, los errores son maravillosas oportunidades de aprendizaje cuando sabemos reconocerlos, disculparnos y tratar de arreglarlo. A los chicos también les hace bien ver que somos humanos y que no somos perfectos, nos acerca a ellos y les quita presión.

Puede parecer que es mucho trabajo poner todo esto en funcionamiento, pero una vez que esto se vuelve natural, disminuyen muchísimo las discusiones y los problemas. ¿Se animan a intentarlo?

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