“Tengo un hijo, ya no duermo”

Problemas a la hora de dormir. Cómo solucionarlos

Es frecuente escuchar que una vez que nace un hijo, los días en que podemos dormir y descansar, se han terminado. Los niños duermen poco, se despiertan a cada rato, y esto es lo normal.

El otro día escuchaba un programa de radio donde la conductora comentaba acerca de la dificultad que tienen los niños pequeños para dormir, y le pedía a su hijo, al aire, a modo de chiste, que por favor la dejara dormir. Lo que más me sorprendió es la cantidad de mamás que llamaban al programa, respondiendo al tema en cuestión, diciéndole a la conductora que no se preocupara, que era normal que los chicos pequeños tuvieran problemas para conciliar el sueño, y que había que aguantar, que en unos años se le pasaría.

¿Es normal que los niños pequeños tengan problemas para dormir? Si consideramos la palabra normal como sinónimo de lo más frecuente, podemos decir que lo normal va cambiando con el paso de los años, de la mano con los cambios socio-culturales. Y en ese caso podríamos llegar a coincidir con que, en los tiempos que corren, tiempos acelerados, en los que la ansiedad es moneda corriente, tal vez lo más común es que cada vez a más niños les cuesta conciliar el sueño. Los padres corren todo el día, llegan tarde a casa, cansados, y los niños también viven acelerados. A todos nos cuesta parar y relajarnos.

Si consideramos, por otro lado, la palabra normal como sinónimo de lo más saludable y esperable para cada edad, tengo que responder que NO. No es cierto que a todos los niños les cueste dormir. De hecho, hay bebés que ya al mes y medio de vida, han podido acomodarse a una rutina de sueño nocturna, y son las madres las que tienen que despertarlos para darles la teta.

Dormir es necesario y saludable. “El sueño es un estado fisiológico activo cuya ausencia o alteración produce efectos adversos significativos. La deprivación o la mala calidad del sueño en el niño repercute en el rendimiento escolar y en el estado de humor” (Dpto. de Pediatría. Clínica Universitaria de Navarra, Pamplona). En 1940 Arnold Gesell, psicólogo y pediatra estadounidense, postulaba que un niño de 2 años duerme aproximadamente 13 horas, más una hora y media de siesta. Hoy la Nacional Sleep Foundation (E.E.U.U.) sostiene que un niño de 1 a 3 años debe dormir entre 12 a 14 horas. La misma institución postula que: “El sueño es esencial para la salud y el desarrollo del niño. El sueño promueve el sentirse alerta, tener buena memoria y comportarse mejor. Los niños que duermen lo suficiente funcionan mejor y son menos propensos a problemas de comportamiento e irritabilidad. Por eso es importante que los padres ayuden a sus niños a desarrollar buenos hábitos de dormir desde una edad temprana”.

¿Cómo lograr que los niños duerman bien?
La mejor sugerencia para que los niños desarrollen buenos hábitos de dormir es el adoptar una rutina nocturna, lo más temprano, en la vida del niño, que sea posible. Durante el primer mes de vida, los bebés suelen dormir un promedio de 16 horas al día, y casi nunca, más de 3 horas seguidas (3 horas es una bendición). Esto es normal (esperable). Pasado el primer mes, ya podemos ir intentando acomodar sus patrones de sueño, de manera natural, aunque sin esperar que se estabilice del todo hasta el tercer mes de vida. Es importante saber que es un proceso gradual, que a cada niño le lleva un tiempo distinto. Y es importante además, estar conscientes de cómo nos sentimos los adultos que estamos intentando dormir al niño. Si el adulto está nervioso, ansioso y se frustra enseguida, lo más probable es que al niño le cueste más trabajo relajarse.

A partir de 1 mes de edad:

  • Intentamos tener interacciones más activas durante el día: charlamos con él, le ponemos música, jugamos con él, e interacciones más suaves durante la noche. No es recomendable excitar al niño jugando de una manera muy activa, cuando tenemos pensado dormirlo a la media hora.
  • En la casa hay luz y sonidos durante el día. Durante la noche, atenuamos las luces e intentamos que haya más silencio, sobre todo en el espacio donde duerme el niño. La luz natural ayuda a establecer y ordenar los ritmos circadianos (sueño y vigilia).
  • El baño es un buen método para relajarse e inducir el sueño. Es una buena idea, adoptar la rutina de bañar al bebé de noche, y ya ponerle su ropita para dormir.
  • Es normal que se duerman luego de tomar la teta. Intentemos que la tomada de la noche, sea en un espacio con luz tenue, con poco sonido ambiente, y ya tener al niño con su pañal cambiado y su ropa de dormir puesta. A veces suelen hacer pis de nuevo luego de tomar la teta, es cierto. Si tenemos que cambiarle el pañal de nuevo, que sea de manera suave y que la luz siga tenue.
  • Intentamos que la hora de dormir de la noche sea siempre la misma. Si papá y mamá se acuestan alrededor de las 11 pm, intentamos acomodar la hora del bebé en el mismo rango, para que su dormida larga, se de en sintonía con la de sus progenitores.

Si un día salimos, o estamos de visita en algún lugar, y llega la hora de dormir, podemos intentar retirarnos a un cuarto más tranquilo para darle la teta o mamadera de la noche e intentar reproducir las condiciones de casa. Si no es posible, no hay que desesperarse. Las rutinas nos ayudan a ordenar nuestra vida y la de los pequeños, pero si un día no se respeta, tampoco es algo terrible que desarme todo lo que fuimos construyendo. Ese día se dormirá más tarde y luego iremos acomodándolo de a poco.

Lo cierto es que si vamos instalando esta rutina desde muy pequeños, lo normal sería que el niño duerma bien de noche y los adultos podamos descansar. Entre los 4 y los 6 meses de edad, la mayoría de los bebés son capaces de dormir entre 8 y 12 horas seguidas durante la noche (12 horas es un privilegio, claro). Iremos acomodando el rango horario, a los horarios de sueño/vigilia de los adultos que lo cuidan.

A tener en cuenta:

  • Si el bebé o niño suele estar al cuidado de otras personas que no sean sus padres durante todo el día, a veces se rehusan a dormir bien durante la noche, porque intentan pasar más tiempo con sus padres, y a los padres, en general, les suele suceder algo parecido. Si no han podido disfrutar de su hijo en todo el día, intentan estar con él durante la noche, y el irse a dormir suele complicarse. Es bueno poder estar conscientes de esto, aceptar que es algo esperable, e intentar acomodarse a esta situación, si no es posible modificarla.
  • Si están atravesando por algún cambio (mudanza, nuevo hermanito, separación de los padres, pérdida de trabajo, duelo, etc.) es muy probable que los ritmos de sueño se vean afectados.

Recuerden: dormir bien es necesario para tener una vida saludable, y es esperable que los niños puedan dormir bien. Si esto no está sucediendo, es mejor revisar qué puede estar sucediendo, consultar al pediatra y/o a un especialista en crianza para intentar solucionarlo.

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